Amigo, te escribo este sumario de todos mis pesares, desde el éxtasis de mi sufrimiento. Recapitulé autores y te hago una cordial invitación a aprovechar las desventuras que éste puede provocar, advirtiéndote que no es una lista más de superación personal, sino una emoción vista desde la perspectiva de la filosofía y el psicoanálisis.
Mi muy querido:
Ruego. ¡Dios, ten piedad!, le repito todas las noches, y es que parece no escuchar, acaso ¿se olvidó de mí? Me encuentro sumergido en el averno, las llamas del dolor y la eternidad del desconsuelo parecen un mal crónico, nada me satisface todo me provoca náuseas y llanto, odio decirlo, pero creo que padezco esa emoción indeseable llamada sufrimiento.
¡Qué va! Seguro tú me entiendes, ya sabes esos clásicos momentos en que las cosas están más jodidas que nunca, te levantas, decides tomar un café, piensas que probablemente este día será mejor, vas al espejo, lavas tu cara, te miras y dices: “bueno pero si no soy tan feo, ¿por qué fregados no me amas?”. Triste y con el autoestima baja, tienes la esperanza de que seguro todo mejorará. ¡Vaya que las cosas no mejoran en unos minutos!
¿No me entiendes? ¿Pues qué nunca te has enamorado?, ¡No importa!, el sufrimiento se da en todas las gamas posibles. Figúrate que tras el reencuentro con un viejo amigo de la pubertad, pude descubrir que siempre hay alguien que se encuentra peor que tú, y no es por mala onda pero es verdad, piénsalo, su padre murió por el maldito vicio, su madre se suicidó, él tiene epilepsia y en la infancia intentaron abusar de él, vaya pa vidita ¿No?
Lo increíble de esta historia es que él es un chico inteligente, ha logrado todo, ha llegado a los lugares que nadie le creían capaz de conquistar, es mi ídolo.
Fue ahí cuando me surgió la inquietud de revisar a Schopenhauer, ese filósofo pesimista que basó mucho de sus estudios en el dolor, afirmando que la felicidad era una quimera; imagina, decía, que “la vida oscila, como un péndulo, del dolor al hastío, sufrimiento porque deseo lo que no tengo y sufro esa carencia; aburrimiento porque tengo lo que desde ese instante ya no deseo”..
Cuando lo leí me espanté, es una verdad horrenda, ¿Cómo que la felicidad no existe?, ¡Si es por lo que todos luchamos! ¿No es así?, pero es en su justa complejidad que la felicidad se da en un instante, un minuto, un segundo, mientras que el sufrimiento es constante ya que es resultado, la mayoría de la veces de la frustración del ser humano de no conseguir lo que quiere. Sigmund Freud, el psicoanalista, ¡Es un bárbaro!, al igual que Schopenhauer define al sufrimiento como el resultado de la frustración de no obtener lo deseado.
Freud considera que el sufrimiento puede llegar de tres formas: a través del cuerpo, el más vulnerable, ya que no es fácil de controlar, la segunda por medio las convenciones dadas, ya sabes eso que hace entendernos y explicarnos (comunicarnos), o la realidad misma, y finalmente la relación con las demás personas.
Enfatizando en esta última parte de las relaciones humanas Freud afirmó: “El sufrimiento que emana de ésta última fuente quizás nos sea más doloroso que cualquier otro; tendemos a considerarlo como una adición más o menos gratuita, pese a que bien podría ser un destino tan ineludible como el sufrimiento de distinto origen”. ¡Vaya!, ¿Lo ves? por eso te cuesta tanto dejar a esa persona mi amigo, si quieres echarle una ojeadita al texto se llama El Malestar de la Cultura.
Tal y como lo decía Hick, “el sufrimiento es aquel estado de la mente en el que deseamos violenta y obsesivamente que nuestra situación fuera distinta”, sin embargo también es un estado tanto inconsciente como consciente, y éste puede traer como síntoma al dolor, manifestándose en diversos malestares físicos. Sí, como todos tus achaques, tu gastritis, tu alergia, uy y segurísimo también ese acné horrendo que tienes, o ese agotamiento y/o cansancio que te impide levantarte de la cama (ya ves no eres flojo, sólo sufres).
Pero, ¡espera! aún no te cortes las venas mi amigo, te tengo buenas noticias, ¡No!, nunca dejarás de sufrir, tendrás que vivir y sobrevivir con ello, al menos que logres como lo propone Freud, “construir tu propia realidad, una realidad subalterna”, o como lo dice Schopenhauer, llegar al nirvana, al estado supremo de liberación espiritual, ideológica, política y económica.
Ta rete difícil eso, mejor hay que sacarle provecho. Leí que en el momento creativo podemos hallar dos instantes indispensables, el primero de ellos ocurre cuando se da el descenso a los infiernos, al sufrimiento extremo donde nadie desearía, pero todos pueden estar, y es justamente en ese relámpago donde puede surgir el momento creador.
El segundo instante es aquél cuando se da una recuperación del sí mismo, y posteriormente esa creación que se encuentra en la mente se hará tangible, transformándose en un objeto simbólico para la sociedad.
O sea que llegas al extremo del sufrimiento, entras en catarsis, te surgen ideas gracias al contacto eficaz de tus emociones, las tomas, regresas y la presentas en cosas tangibles; un ejemplo de esto son las pinturas de la gran artista Frida Kahlo, ya ves que ella comenzó a pintar después de su terrible accidente que le perforó el vientre; otro más es Van Gogh que en sus constantes arranques de locura y depresión pintó los cuadros más vendidos en el mundo.
También la escritura puede ser una liberación del sufrimiento como Edgar Allan Poe, ya ves, sin padre, madre y esposa, un bebedor que llegó a la locura, logró hacerse nombrar el padre de la literatura de terror psicológico, un clásico, al igual que Leonardo Davinci un hombre que sufrió el desprecio de su padre, la pobreza y la censura y míralo ¡Es el grande de los grandes!
Así que, amigo ¡Ya no sufras por sufrir! Bien lo dijo Nietzsche en Zaratrusta “Crear ; ésa es la gran redención del sufrimiento, así es como se vuelve ligera la vida, Mas para que el creador exista son necesarios sufrimiento y muchas transformaciones”. ¡Sí, muchos amargos dolores tiene que haber en nuestra vida, creadores!
Aprovéchalo, es la emoción más útil que se nos ofrece en el devenir de la vida, porque, ¿para qué quieres la felicidad, si ésa solo te ciega y te llena de goce por un momento?, en ese éxtasis no hay cabida para el pensamiento racional. Mientras que el sufrimiento siempre te llevará al conocimiento.
Me despido sin antes dejarte la moraleja de la vida, aprendamos y enseñemos a ser felices no a buscar la felicidad, ese es el éxtasis del sufrimiento.
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