jueves, 18 de noviembre de 2010

Merodeando: "Algo de Pachuca en el Distrito"

(Por razones de fuerza mayor, esta columna no pudo ser publicada hasta el día de hoy, una disculpa)

Por: Raymundo Pazos

De Inglaterra llegaron a México unos panecillos rellenos con diversos ingredientes y horneados con leña, llamados pasty. Llegaron junto con el fútbol y la minería que introdujeron los habitantes de Cornwall  a Pachuca,  específicamente a  Real del Monte, adaptándose al español, como pastes. Quizá sea un legado gastronómico poco reconocido, pero son sólo estas dos regiones en el mundo que tienen esta tradición.

Para no irnos hasta aquél pueblo minero o peor aún al británico, podemos dirigirnos a la colonia Narvarte,  aquí en el Distrito a probar estas delicias, muchas de las veces confundidas con las empanadas, mismas que también se venden en El Reloj, local que se dedica a su elaboración. Ubicados en la Av. Xola, número 1155, los tuzos de El Reloj nos ofrecen al paladar algo de lo que hay en Pachuca como aquí heladerías “la michoacana” allá en Hidalgo, los pastes. Pues en aquella zona minera habrá una en cada esquina, aquí sólo hay un local que no debemos perdernos. 

Saliendo del metro de Etiopia, se camina un poco y podremos oler aquellos panecillos hojaldrados. Los sabores que  se ofrecen son el clásico minero (por cierto, mi preferido) que lleva carne molida de res, papa y chile. Por si se es vegetariano, está el de champiñones a la mexicana. El de salchicha con queso es también una delicia. Las empanadas, cuya similitud hacen que todo el tiempo las confundamos, también son de guisados ricos, como la de molo rojo o verde, e igualmente hay la de rajas con queso para los vegetarianos.

Acabando de probar las exquisiteces hidalguenses, se deberá pasar a lo dulce, porque el postre no puede faltar. Para esos paladares dulces como mi corazón vagabundo, está el paste de piña, el clásico de arroz con leche y el más cotizado (llegue temprano, porque seguro no alcanza) el de zarzamora con queso.

No me puedo ir de nuevo a comer pastes, sin antes recomendar la especialidad de la casa: el minero, del cual hay tres variantes. Ah! Se me olvidaba, la principal diferencia entre un paste y una empanada es que al paste se le rellena con todos los ingredientes en crudo, en cambio, a la empanada se le meten ya cocidos.

Por el precio, no te preocupes, pues es una comida prácticamente de paso, aunque no por eso, es de esos antojos callejeros, más baratos que cualquier garnacha: a sólo $9 pesitos.

Abren de lunes a sábado, de ocho de la mañana a ocho de la noche, excepto el sábado, pues cierran a las cuatro, pero como están tan ricos, es mejor ir temprano, los encontrarás de todos los sabores y recién salidos del horno.

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